Ultimas noticias …. Sigo vivo. Domingo, Nov 12 2017 

Bueno, unas pequeñas líneas para los lectores.

Hace tiempo que no escribo, esto se debe a razones técnicas y de salud.

En el tema de salud me detectaron Diabetes y estoy intentando controlarla con subidas y bajadas de 417 a 91 esta ultima aunque dentro de los parámetros me da muchos dolores de cabeza, por esta razón no me encuentro bien para dedicarme al blog y subir posts…

La razón técnica, es que mi ordenador PETO en mayúsculas y todo se fue al garete. Restauraciones de las SILHOUETTES CARDS , PDF, IMAGENES de Barajas. etc. Por quedar no quedo nada. Pues el sistema operativo no funciona y no se si será recuperable o no. Creo que se fue la placa base o peto la memoria.

Por el momento, he podido recuperar y entrar aquí mi blog que ha sido un puritito milagro.

Bueno para que contar mas penas… 😦 que triste no tengo ni un emoticons.:(

Mejor contar algunas Alegrías… 🙂

Contaros que aprobé mis exámenes, Gracias a todos por vuestras plegarias.

Adquirí un nuevo palántir de Fluorita Arcoíris y unos stands o soportes espectaculares.

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Pie imperio

Un cordial saludo a todos y espero veros pronto …

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La gran Recesión , una declaración de independencia… Una guerra civil? Miércoles, Oct 4 2017 

Hace 7 años realice una lectura de cartas. Concretamente esta lectura me asusto y mucho. Pues la sensación fue indescriptible. Y parece que ya esta aqui… Y espero no tener que verlo. Pues la situación en España esta ya muy difícil para encontrar una solución al problema independentista de Cataluña.

A la fecha de hoy estamos mas cerca de lo de abajo expuesto que de otra cosa.

Sera posible que caminemos a repetir los mismos errores del pasado? Que poca memoria tiene el ser humano.

Ya en el 34 paso lo mismo y justo 2 años después estallo La Guerra Civil Española. Aunque históricamente este periodo nunca se menciona en los libros de historia, la guerra civil  o pre guerra civil española comienza con la declaración de independencia del 34.

Y es que no aprendemos.

Dios mío, que nos pille confesados. Pues se va a liar parda

 

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Es sorprendente ver la senyera o bandera catalana en estas cartas.

 

LA ECONOMÍA MUNDIAL EN ESPECIAL "LA EUROPEA" Y EL ORÁCULO GE… Sábado, May 22 2010

Hoy me siento inquieto.

Y un poco temeroso, el desasosiego que me invade es una sensación de miedo y de pánico,  algo raro en mi.

Los problemas mundiales  y en especial los económicos nos afectan a todos en mayor o menor medida…

Estoy preocupado por una tirada que realice hace algunos días…

Con las cartas Psycards…

Y son estas cartas…

(Si quieres leer el post Pincha en la imagen…)

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En esa ocasión, las interprete como una Nueva Guerra para un país  previamente golpeado por esa infamia…

Francamente me da miedo pensar  que los problemas económicos  que afectan a Europa y España puedan degenerar  nuevamente en una Guerra Civil Española o en una nueva Guerra en Europa..

Y todos los políticos  se afanan en  intentar solucionar  este embrollo  de dimensiones  dantescas…

Yo siempre digo que las cosas son cíclicas.

Como la rueda de molino de esta carta. Y esta marca Repetición….

He tirado  las cartas con el oráculo Ge, preguntando por la Moneda Única. Nuestro euro que mas que Euro últimamente es un Euro desinflado, pues cada dia que pasa pierde Fuerza y Valor frente al Dólar…

Seria posible que esta moneda se perdiera? Cayera? o fuera devaluada?

Alemania dejara de apoyarla?

Y si fuera así que pasaría?

Ya experimentemos en 1929 las consecuencias de un crack de tal  magnitud.

Todas las naciones, con este ultimo Crack están afectadas en gran medida.

Esto por donde Estallara?

Y cuando sucederá?

Como no le metan mano y lo solucionen veo venir una Guerra civil o Mundial.

Por el momento  las cartas Ge, no dicen lo mismo, parecen que los países miembros  están interesado en subsanar esta moneda debilitada y duramente Golpeada en este Crack Mundial.

 

 

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Las cartas, nos hablan de plasmar sobre documentos, posiblemente acuerdos entre todas las partes  para solucionar el problema…

En el momento presente, parece que un hombre encargado de la economía parece que esta llevando las cosas bien , aunque la recuperación sera lenta , muy lenta…

Las cartas del futuro indican que los acuerdos traen el resultado esperado trayendo alegría y felicidad.

Los acuerdos  y los pensamientos económicos son positivos…

Por ahora las cosas parecen que pinta o son  muy optimista. Según las cartas..

Esperemos que no se manifieste ningún problema mas y que esto se solucione lo antes posible. Por que si no, en menos de Diez años todos vamos a Saltar por los aires. Como ya paso en el pasado reciente, en 1939….

Las grandes guerras, siempre se producen tras un gran Crack Económico.

Por que este (Crack económico) debería ser diferente a todos los anteriores???

Deberíamos contemplar la posibilidad.

Scrying Visiones en el cristal… Martes, Oct 3 2017 

Aqui vengo con lo que he visto en el palantir…

Son visiones cortas que para mi, en principio no tienen mucho sentido pues en algunas ocasiones las visiones son tan rápidas en desaparecer, que me dejan en shock y no me dejan reaccionar…

Y vi …..

Una silueta de un puente en la lejanía, este tenia una estructura metálica con dos torres o mástiles largos con cables que sostenían el propio puente.  …

Al desaparecer la visión y volver en mi, situé este puente en Estados Unidos. Concretamente en  Brooklyn. Pues a pesar de nunca haber estado en EU, en mi infancia estos tipos de puente siempre estuvo presente en mi vida, por las publicaciones que mi madre compraba de los TJ. Pues estos estilos de puentes siempre solían aparecer en sus publicaciones.  A mi me fascinaba y sorprendía el ver edificios y puentes tan altos y grandes…

Cuando mi visión desapareció, pensé que se trataría lo mas probable de algun recuerdo dormido en mi mente subconsciente, que el palantir hubiera removido. Pues, no encontraba la razón de ver uno de estos puentes estadounidenses…

Realmente el estilo de puente que vi, fue el estilo del puente que sale en la lejanía, yo lo veía metálico y no de piedra…

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Asi quedo y no le di mayor importancia pues no tenia mucho sentido para mi. Y seguí con mis practicas.

Ayer mirando las noticias vi una pequeña noticia que me llamo  la atención.

La voladura del puente kosciuszko Bridge, dije: mira que curioso el puente se parece bastante a mi visión, donde estará este puente. Y leí que estaba en Queens, es decir a la vuelta de la esquina como el que dice del mencionado con anterioridad. Tan solo a 26 minutos en coche.

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Yo  miraba la voladura pero el puente no caía y decía yo que cosa mas rara si el puente sigue en pie, jajajaj. y es que el puente que volaron estaba detrás del puente que vi en mi visión..

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Y vi….

Un bebe recién nacido …

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Visión sin explicación por el momento.

Y vi ….

Una asamblea constituyente…

Vi el congreso de los diputados, su hemiciclo, y todos sentados mientras una voz, daba un discurso. Todos vestían apropiadamente y de forma solemne. El interlocutor era el Rey de España al cual no lo vi pero sabia que era él. La visión se desvaneció.

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Interprete esta visión como la derogación de la constitución Española y la creación de una nueva…

Nunca he visto una asamblea constituyente pues la ultima tubo lugar en España cuando yo tenia pocos años de edad y andaba yo en pañales…

Y vi …

La silueta de la copa de un árbol contra el sol….

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Visión inexplicable.

Y vi…

Que circulaba por una carretera de doble sentido. Esta era empinada y mientras subía unos scooter se saltaban la línea continua y colisionaban con mi vehículo.

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No creo que tenga que interpretar esta visión

Posible accidente de trafico, intentare tomar lo menos posible el coche y reducir velocidades. Pues en la visión la peor parte se la llevaba la moto y yo un muy mal rato.

Mis Esferas de Amatista Asiáticas…. Viernes, Sep 22 2017 

Por fin llegaron mis Esferas de Amatista desde La China continental…

Yo, ya poseía una esfera de amatista de pequeñas dimensiones, pero decidí adquirir otra de 10cm de diámetro, Puro capricho.

Para  ello, como os comente en un post anterior, decidí buscar a un productor y hacer las gestiones directamente. Ya que no pude ir directamente a comprarlas y viendo lo que veo es realmente una pena. Pues unas vacaciones en China seria fantástico, aunque no me enteraría de nada  y  nunca  mejor dicho pues me sonaría  a chino…

Pero hay que reconocer que Hangzhou es preciosa.

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Debido a estas gestiones, conocí a una señorita llamada “Nina” que me facilito hacer todas las gestiones de manipulación y envió. Realmente “Nina” es encantadora. Ella selecciono para mi las esferas y realizo  las gestiones de envió.

 

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Estas llegaron hoy finalmente. Realmente el tiempo me ha sorprendido pues en mi caso particular no tardaron y llegaron bastante rápido. Cosas de la globalización, personalmente me encanta la globalización pues acerca a las personas y los pueblos…

Mi pareja me regalo este pie, que no siendo propiamente dicho un pie para esfera, me servirá para no tener que inclinarme sobre ella a la hora de practica Scrying. Ya sabéis estoy fatal de cervicalgia.

Realmente me encanta el Scrying y la meditación sobre las esferas, como dije es adictivo y súper relajante, una practica que recomiendo encarecidamente pues realmente disfrutar simplemente de la experiencia y el proceso la hace especial. La relajación absoluta es fantástica.

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Aqui mi otra esfera de Fluorita verde también de China, esta esfera realmente tiene una peculiaridad y es que luce en la oscuridad cual neón por su fluorescencia…

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El otro dia la Nieta de mi vecina, una niña de 10 años muy curiosa entro sin permiso a la habitacion, y la asuste jajjaja.

Le dije: Ves, ya has incomodado a los espíritus por entrar sin permiso. Y me están reclamando. Ves como luce la esfera. Eso es porque has entrado sin permiso y están molestos. Cogió y salió corriendo. jajajaj.

Que malo soy jajajj.

Por las victimas del terremoto en México… Miércoles, Sep 20 2017 

Mi mas sentido pésame al pueblo de México, por todas y cada una de las victimas de este terrible terremoto, y hago una plegaria por todos vosotros en esta hora tan oscura…

 

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Una Fantástica Historia que te trasladara al Paris del XVIII/XIX.. Miércoles, Sep 20 2017 

Después de leer esta Fantástica Historia, he decidido subirla por puro interés ya que  nunca he subido algo parecido.

Realmente es una bella historia,  plagada de grandes detalles. Pues en este se menciona a un sirviente negro, un gran volumen o libro donde ella escribía sus Oráculos, el retrato de Josefina y otras cosas interesantes. Como su primera practica sobre para predecir el futuro o ver la tragedia que se narra en estas líneas. Es una historia tan llena de detalles que al leerla te trasladas al Paris del XVIII/ XIX.

La parte de los reproches finales que se le hacen a Mademoiselle Lenormand, no me gusto,pues Mlle. lenormand como vidente solo lee e interpreta las cartas. En mi opinión creo que yo soy mas bruto que ella diciendo las cosas, pues yo las digo sin ningún tipo de filtro.

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MADEMOISELLE LENORMAND.
Lo que nos impulsa con tal misterioso afán de
buscar todas las oportunidades de buscar en los oscuros recovecos del
futuro Nadie puede decir de dónde surge primero el deseo; pero todos tienen
en algún momento de sus vidas el próspero y feliz, el
desolado y afligido; y aunque ha sido considerado como una
prueba de debilidad y superstición, sin embargo hay numerosos casos
en el registro donde las mentes más poderosas y vigorosas han sido
llevados cautivos por esta curiosidad débil y vana, poniendo su orgullosa discreción 
postrada a los pies de los que de otra manera , consintiendo en convertirse en los embaucadores de los más groseros e ignorantes charlatanes, seducidos a escuchar con complacencia  las visiones de
esplendor, si es ayudado por una sola circunstancia que puede asegurar la
posibilidad de ocurrencia; nunca recordando los innumerables
ejemplos en las que tales profecías han resultado falaces, pero los
casos únicos en los que se ha logrado tal grandeza,
Donde invariablemente los talentos o espíritus de conducta posteriormente
exhibidos por el individuo han justificado sin agencia sobrenatural
su promoción a la grandeza.
Cada uno ha escuchado la historia de Napoleón, cuando un subteniente
en Valencia, habiendo dado este, por un repentino aliento de gratitud, el en oro 
la suma de un pequeño escudo, que es de tres días de paga, a un mendigo que
dijo que viviría para llevar la corona de Francia; y cuando
los compañeros lo reunieron en su creencia, y reprocharon sobre tal generosidad al indebido , que le enviarían sin cenar a la cama, respondió atentamente:
¿Por qué no creer? ¿No soy mejor que un cerdo?
¡Y  cuando Sixto V, llegó a ser papa por fin!
Madame Scarron caminando con Madame de Montespan un día en
los jardines de Versalles, se inclinó con bondadosa cortesía para recoger un
ladrillo que había caído de la carga excesiva de un trabajador que
estaba trabajando con su carga en los incontables paseos de la Orangerie.
Cuando llegó a la cumbre, el hombre se volvió para agradecer a la dama
por el servicio, y mirándola con un rostro con el calor de  gratitud
por tal bondad inesperada por parte de cualquiera de las damas de
la corte, exclamó: "Que algún día sería más grande que una
reina, porque ella viviría para someter a alguien que habría de someter al
mundo! "
Madame Scarron, en el deleite de oír estas palabras de profecías, tomo
de si un medallón de oro que llevaba,  este es un regalo, 
dijo, de su pupila real – y lo empujó en la mano bronceada del
profeta; con lo cual madame de Montespan, estallando en una sonora carcajada,
exclamó irónicamente,
"¿No habría mejorado tu majestad el aplazamiento de la exhibición de tal regalo
y  generosidad hasta la realización de la promesa de oro ";
"Mira los pelos grises y las profundas arrugas hundidas del vidente",
-exclamó la viuda con compostura-. "La recompensa, si se demora hasta entonces,
llegaría demasiado tarde ".
En ambos casos la predicción debe haber caído como la verdadera
el equilibrio del cambista, resonando con eco sorprendente
el corazón, y dando la prueba de su valor de ley. Cada uno debe tener  su
descanso que habría estado incurriendo en censura clamorosa y amarga
ironía, haber expresado que, aunque delgadamente esta podría ser
difícil, pero no podría ser imposible. –
El uno sabía bien que podía confiar en su propia audacia
y en su propio espíritu ambicioso; la otra depositó su confianza en
lo que todavía era menos probable que la engañara -la debilidad y la vanidad de los 
otros,

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Me guió a estas reflexiones un pasaje de la revista Debats ((debate))* de esta mañana, que anunciaba, sin comentarios, la muerte de la celebre devinerensse, Mademoiselle Lenormand", añadiendo simplemente que tenía ochenta y siete años de edad, y que había dejado toda la prodigiosa fortuna adquirida por su profesión, a su sobrino,  un oficial de la armada de África.

Aqui, pues, fue el gran problema de la hechicera que se quedó en reposo para siempre. A aquellos que tan a menudo habían declarado que la existencia misma de la Pitonisa era todo una fábula, y a aquellos que habían declarado que, como el sagrado Apis y el elefante blanco como la leche, se les haría vivir para siempre, la mentira había sido así dada públicamente. Ella que habia vivido, estaba muerta. Más aún, había cumplido el destino usual de los mortales: había gastado su vida acumulando dinero, y sin embargo, con toda su ciencia alardeada, con toda su maravillosa leyenda, no podía hacer más con ella que la más mezquina de todos nosotros: no podía llevársela con ella, sino que se vio obligada a abandonarla como todos nosotros debemos hacerlo. Y así llena los bolsillos del joven oficial de la armada de África, a quien sin duda es bienvenido; y que de un garante ha captado antes esto alguna inspiración de su pariente, y ha predicho maravillas de todas las alegrías que el tesoro pondrá a su mando.

Luego viene la pregunta más calculada para inspirar inquietudes: ¿quién sucederá a la sibila? , ¿a quien le cayó su manto? ¿Quién se había quedado a la luz de la luna a su sombra? No, pues era uno de sus arrepentimientos que nunca había buscado hacer algo a su manera; que nunca había buscado iniciar a una amiga o alumna en el arte por el cual había ganado tanto renombre. Y sin embargo, la reivindicación ya ha sido puesta en la herencia de las tinieblas, afirmada por uno que, dejando las ganancias ganadas con tanto esfuerzo al sobrino de África, pide sólo una parte del mecenazgo que había permitido a la devinerette adquirir con tal celebridad, y en tan pocos años, el poder de predecir con certeza, que ella no desearía más.

Mademoiselle Lacombe, sucesora de mademoiselle Lenormand,"ya ha anunciado, tanto en la publicidad como en el cartel, su amable intención de consolar a todos los que tienen motivos para lamentar la muerte de su predecesor.

Creo que la apelación no ha sido hecha en vano; fue contestada inmediatamente, con pleno éxito; tan cierto es el dicho del Príncipe Talleyrand:

No es una falta de tonterías que pueda ser temida*’ son los charlatanes que tienen más probabilidades de fracasar ".

En París, en particular, parece que se suceden con l rapidez bastante maravillosa; cada uno de ellos llevando adelante su propia peculiaridad: ejercito de los mártires de la adulteración, todos los que sufren voluntariamente en su causa. La mayoría de las veces no los buscó; lo han elegido como víctimas predispuestas, se apiñan bajo sus estandartes, algunos incluso traicionando los celos incómodos si un neófito buscara entrar en sus filas cerradas; otros, esforzándose por todos los medios a su alcance para atraer a los incautos o a los vacilantes para unirse a ellos.

Se dice que de la miríada de miles de espíritus en París, pero pocos podrían ser nombrados que no han buscado ayuda y consejo de mademoiselle Lenormand en una época u otra de sus vidas. Aunque bastante niña en el momento de la primera revolución, aunque ya había adquirido tanta celebridad en el arte de los divinatien, que muchos de los marqueses temblorosos de la puerta del antiguo régimen volaron para consultarla sobre su lugar de refugio, antes de que se atrevieran a tomar alas como pájaros asustados a la llegada de la noche.

Cómo ella misma pasó sin mancha a través de la terrible tormenta que siguió, nadie lo sabe; pero es bien sabido que no se movió, ni traicionó la más mínima inquietud, aunque la matanza de todo lo que era bueno y valiente estaba ocurriendo a su alrededor; pues la muerte sabía por su habilidad y ciencia, por lo que ella dijo, que ningún daño la perjudicaría. Decía que el propio Robespierre había temblado, cuando la buscaba disfrazada, desconocida como él se imaginaba, le había revelado su conocimiento de su estado y su estación. Incluso se reía de alegría maliciosa cuando contaba cuán pálido se había vuelto su horrible semblante, cuando en cada barajada que daba a las cartas, aparecía el Grand Pendu ", contando una espantosa historia de sangre y violencia". Declaró siempre que era el destino el único que había decidido este singular acontecimiento, y que él mismo nunca lo había dudado, que no se podía haber sospechado de él que guiaba las cartas, ya que era su propia mano la que las había volteado.

Algunos años después de esto la encontramos el mismo oráculo de la corte de Josefina, honrado por las consultas de la emperatriz, y obteniendo lo que, con verdadero conocimiento de la naturaleza humana, citaría como mayor honor aún, el de la persecución!

Y sin embargo no era inútil ", observaba a menudo, no podía permitir que la pobre hija de las islas, a quien había profetizado que se convertiría en reina y más," corriera sobre su ruina sin consejo ni consuelo; y si yo no podía salvar, al menos podía advertir. Me ha hecho reír que la gente hable de su paciencia y resignación bajo toda la miseria que le sobreviene. Por qué lo sabía todo antes de que llegara -ay, y aún más- porque sabía lo que sería la "t" de aquellos a quienes amaba tan bien, y que había dejado atrás.

Bajo la restauración, ella seguía siendo patrocinada por la dama noble* de la corte, que, enferma y cansada de la guerra y de las luchas, volaba hacia ella cada vez que sus sentidos se alarmaban por los rumores y el sueño de nuevas revoluciones, que la experiencia les había enseñado a no ser menospreciados.

En 1830, su puerta volvió a estar sitiada, pero ella ordenó al pobre rebaño golpeado que fuera oi buen ánimo, por eso no el daño debería ser hecho, y que ellos reposaran en seguridad bajo la sombra del olivo que Louis Philippe había plantado*

Ella se enorgullecía hasta el día de su muerte sobre la última profecía; pues declaró que en esta ocasión el libro del destino había sido el más difícil de leer, y que la lucha había sido grande entre los principios buenos y malos, y que necesitaba sólo el peso de una pluma para cambiar el equilibrio, y para haber hundido una vez más a todo el país en océanos de sangre.

Felices los que, siguiendo su consejo, se quedaron guardando su corazón; pero más felices aún estarán en 18-, los que escogieron seguir su advertencia y marcharse antes de tiempo 1 Porque la lucha no ha terminado todavía, y el día no está muy lejos cuando el choque final, más terrible y terrible, más calamitoso y más sangriento, destrozará la tierra como con un gran terremoto, dejando grandes abismos llenos de gore, a través de los cuales los hijos de

Hace poco oí a una mujer de alto rango, señalada también como mujer, de gran inteligencia y mente fuerte, hablar en términos de terror no fingido con respecto a esta última predicción. Me dijo en confianza, que a medida que se acercaba el tiempo, su vida estaba limitada por el recuerdo de todo lo que mademoiselle Lenormand le había advertido que tendría que deshacerse de todo. Demasiado joven para haber sido testigo de todos los horrores de la primera revolución, ella está todavía familiarizada con todos los acontecimientos de esa gran época en todos los principales acontecimientos de los cuales su pariente más cercano tuvo una parte con* es picúa. No puede describir el frío estremecimiento de pavor y horror que pasó a través de su marco mientras me contaba la circunstancia* en la que, según su plena y entera creencia, debía ser colocada antes de su muerte.

Creo que la veo ahora, como con pálida mejilla y ojo pálido y brillante, hablaba y el profetizando el arder por la turba del castillo, donde se quedaría, la masacre de sus sirvientes, y su posterior huida por la noche a través de la llanura abierta al mar, disfrazada de atuendo masculino. Después de ese suceso, la hechicera se había negado a revelar la secuela de la oscura historia, lo que la hacía aún más angustiada y temerosa.

Pero, ¿cómo puedes tú, con tu mente superior y tu buen juicio* creer en tales absurdos," dije yo, cuando había escuchado su historia.

-“créanlo ", respondió solemnemente,  porque me describió muy bien el castillo de donde yo iba a volar -es la residencia de un amigo-, el más probable que también me diera cobijo en caso de peligro en mi propia casa. Me habló también de los medios de vuelo, de la puerta secreta y del pasaje que desembocaba en la gruta del parque; todo lo cual me había sido mostrado la semana anterior, y del cual nadie había soñado jamás, excepto el dueño del castillo y yo mismo. Creo, porque todo lo demás que ella había predicho ya ha sucedido a su debido tiempo ".

Por supuesto, no hubo respuesta al razonamiento de este tipo.    Œ

Nosotros, los ingleses de París, todos recordamos la sensación que nos causó la profecía pronunciada por Mademaselle Lenormand hace unos años. Lenormand’ a una de las más dulces y queridas de todas nuestras campesinas que residen entre nosotros. La sibila habló a la señora de hereon, y le dijo que los niños eran todo para ella), y que sin ellos no podría vivir.

¿No es así? dijo ella, mirando fijamente a la madre del baile de graduación, que contestó con una sonrisa, mientras una lágrima brillaba en sus ojos, que nunca antes había adivinado con más acierto la devinencia.

Entonces, ¿me conviene no nombrarlas en el reparto de vuestro destino?dijo la profetisa.

No, no -respondió la señora; sin ellos mi fortuna no era más que pobremente contada.*,

La señorita tomó con la mayor serenidad una pizca de la caja que la Reina de Etruria le había presentado, y limpiando los granos perdidos de su collerette cuello, procedió en ese tono monótono y bajo que tanto irritaba a sus oyentes, mientras les revelaba la historia de la vida y la muerte, sin sufrir el sufrimiento de ser interrumpida por sus preguntas o exclamaciones-sin comentarios

Et voilá tout, madame; ¡le jeu est fini!"

Después de lo cual ni el amor ni el dinero podían extorsionar otra palabra: en el caso al que ahora nos referimos, ella había procedido" así durante algún tiempo, y había cerrado las tarjetas con el habitual sonido famélico, pero en vez de la habitual búsqueda del monedero, y el ascenso: irse, que eran en general consecuencia de la exclamación, se sorprendió al encontrar a su oyente fijo e inmóvil como si aún estuviese escuchando, incluso cuando el silencio había comenzado. Entonces se levantó ella misma, y tomó a la dama con delicadeza por el brazo, diciendo:"Señalando el reloj por la chimenea.

Disculpe, pero los momentos son valiosos. Hay otros esperándome ahora que no puedo diferir ".

La dama no se movió; pero el ligero toque en su hombro* que la señorita Lenormand solía despertarla, se hundió en el suelo sin sentido e inamovible! La amiga que la había acompañado a la casa, la había trasladado en este estado al carruaje de berlina. Llegada a su propia casa, se quedó muchos días confinada en su cama, una auflerer de por medio, llamando sin ceder el nombre de su hijo mayor, en ese momento un cadete joven en la India.

Poco a poco, sin embargo, sus sentidos regresaron, su mente se hundió en una melancolía lúgubre de la que no había forma de despertarla. Una carta del mismo joven,fue traída a su casa más tarde.

 

 

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En vez de dar el consuelo que sus ansiosas amigas esperaban, sólo sirvieron para aumentar su desesperación. Anunció con alegría su traslado a una estación más sana, cuyo acontecimiento había sido predicho por Mademoiselle Lenormand, como precedente al que ningún poder humano podía evitar, y que iba a hundir su alma en la tristeza y la miseria.

Poco tiempo después de esto, llegó la temida misiva. El joven valiente que había escapado de los peligros del trabajo y la guerra, la larga exposición a un clima ardiente y a una estación peculiarmente enfermiza, había muerto en medio de la salud y la alegría, rodeado de sus amigos, a plena luz del día. Tenía a todos los iallen de su caballo, mientras que lleno de alegría y espíritu se preparaba para seguir la persecución, dado a propósito para darle la bienvenida entre sus nuevos amigos y camaradas!

Todo había sido predicho! La madre, que estaba afligida, huyó a Inglaterra para velar por la seguridad del segundo hijo, un muchacho de Eton, para quien se había predicho un destino peor que el que le había tocado vivir a su hermano. No puede perder de vista al niño sin ser atacada por las fantasías más temibles que le conciernen. Su propia salud se ve así afectada, y la actual expectación y las perspectivas de futuro de su hijo son destruidas -por la creencia excesiva en el pronóstico del mal, inspirada por una fatal casualidad.

Hace ahora cuatro años que yo mismo fui llevado a la misma locura, a la que había estado acostumbrado a condenar tanto en los demás, y a estar en un triste dilema (¡oh, gentil lector, cómo te daría piedad -si supieras en qué ocasión!). He decidido renunciar a toda responsabilidad, vis a vis de tnoi-m$m$9 y acudir a consultar a mademoiselle Lenormand. Mi viejo amigo, Rassineau, lo había hecho justamente bajo circunstancias similares -había acatado su decisión en el mismo asunto- se había sentido satisfecho, y ¿por qué no yo? Así que, sin detenerme a reSeccionar sobre mi propio absurdo, y con la misma determinación que dicen que todos los hombres que estaban en el apuro de buscarla siempre tomaron de antemano,"no creer una palabra de todas las viejas brujas pronunciadas," propuse sobre el mandado de Ray fool.

No fue sin darme un poco de vergüenza que me dirigí lentamente a través del Pont Neuf hasta la rue de Tournon. Sin embargo, la caminata estaba bien calculada para disipar cualquier acechante compulsión que pudiera sentir al seguir a todos los tontos e idiotas que tantas veces había condenado con tanto desprecio. Esa misma mañana pasé junto a la alta y flechosa Cour de Soissons, donde el espíritu maestro de la época, la Catalina de Medicis de color oscuro, había celebrado durante tantos años su conferencia de medianoche con Galeotis. Yo -podía estar de pie y observar el balcón sobre la puerta del Louvre, donde el orgulloso y ambicioso Eveque de Lu$on había estado de pie en la noche memorable de la primera declaración de amor de los labios de la reina, su amante soberana. Fue desde allí que él había arrojado en el… Eine, que fluyó hacia abajo, el costoso anillo de esmeralda que Jiad otorgó como primera prenda de ese mismo amor, primer signo de su devoción.

A la fortuna, mi ofrenda de paz "exclamó el prelado, mientras la joya se hundió bajo la ola, y desapareció para siempre de su vista.

El sacrificio será aceptado, *’ gritó con inspiración involuntaria el centinela en guardia en la puerta de abajo, que había presenciado. la acción.

"Toma esto, pues, por tu augurio" gritó el obispo, arrojando al hombre su monedero, cargado de oro,"porque / sé que no lo hará

"¡Prueba ser un inútil!"

Mucho a la confusión del Due D’ Epernon, que estaba junto a él, y que declaró que el hombre debería haber sido castigado en vez de recompensado por su impertinencia familiar.

"¡Bah!" exclamó el obispo, riéndose,"¡ni a ti tampoco te dijo que se dirigiera a la profecía!"

Y tees cumplidos. Armasnd Duplessis se convirtió, en, cardinal, ministro, y poco después gobernante del reino.

Todas estas reminiscencias lograron en cierta medida disipar la herida que el rendirse a tal debilidad tan mala hizo en mi orgullo, y para cuando yo había llegado a mi destino mi único temor -empezó a serlo- de haber sacrificado los preciosos momentos de meditación inútil, para después de todo llegar demasiado tarde para consultar a la hechicera de aquel día.

Eran alrededor de las tres de la tarde de un día nublado y aburrido de febrero, cuando entré en el oscuro patio de la casa de la rue de Tournon, donde Mademoiselle Lenormand desplegó su oráculo de misterio. Este era algo misterioso para empezar en las paredes húmedas, y la altura de los edificios que rodeaban la corte, admitiendo una visión lejana del cielo nublado, que recordaba a los antiguos astrólogos, y de los profundos y oscuros pozos de Egipto.

La escalera que llevaba al apartamento ocupado por la sibila estaba pero tenuemente iluminada, y las escaleras desiguales y las paredes viscosas daban una muestra amplia del desprecio absoluto en el que los habitantes de la vieja mansión estaban acostumbrados a ver las cosas de este mundo inferior.

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Mi llamada a la campana hueca y larga fue contestada por un personaje misterioso, de mirada oscura, que no dijo una palabra, pero -escuchó su indagación sobre el significado de mi visita con la indiferencia más botónica. A mi petición de ser admitido para hablar con "madame", el hombre se limitó a pronunciar la palabra "imposible /" y dejó caer suavemente la puerta de nuevo, hasta que apenas pude discernir más que el contorno nítido de sus rasgos. Afortunadamente tomé la pista, y al encontrar que todavía había suficiente espacio para que yo pudiera eludir mi dedo y pulgar a través de la abertura, inmediatamente lo hice, sosteniendo un talismán de Tittle tan poderoso como cualquier otro que haya sido forjado por su amante misma, porque en el instante en que la puerta se abrió de par en par, y la boca del compañero también, revelando por un conjunto de dientes sobrenaturalmente blancos, que se mostraban en su rostro oscuro y

Todo esto había pasado sin pronunciar una sola palabra excepto la de "imposible" y, como el sirviente mudo que esperó de antaño en los salones de mármol de los reyes, me llevó con pasos silenciosos por el vestíbulo, y abriendo una puerta de roble panelado, me empujó suavemente y la cerró después de mí, dejándome levantar la pesada cortina verde que encontré delante de ella en el interior.

El salón en el que fui así inaugurado sin ceremonias era uno de hermosas y elevadas dimensiones, pero de aspecto sombrío y descolorido, llevando tristes evidencias de la grandeza pasada en sus cornisas talladas y paneles dorados, y pensé que mientras miraba fijamente hacia arriba a los cúpidos pintados en el techo, y a los pastores zumbando sobre cada puerta, esa casualidad podrían haber sonreído a través de las hendiduras

Un silencio mortal invadió el lugar. Estaba demasiado lejos de las calles para que los sonidos relacionados con las labores oi el día para ser oído en su interior. Ningún sonido perturbaba la quietud excepto el tictac del reloj viejo sobre la chimenea, ese sonido pesado y medido que parece aumentar en lugar de disipar el silencio. El espejo grande, oscuro con la edad y oscuro como el hielo sobre la piscina turbia, reflejaba nada más que el retrato de la propia sibila, que colgaba en la pared opuesta. Era una gran pintura, que representaba a mademoiselle Lenormand en la flor de su edad, y evidentemente en el momento de su favor en la corte de Napoleón, porque por una vanidad indultable ella misma había hecho que la representaran en el balcón del palacio de las Tuileries, mirando a los jardines reales, y apoyándose en una mesa esculpida, donde se esparcían las diversas insignias de su oficio Entre ellos, sobresaliendo sobre todo la famosa copa de oro que le dio la Emperatriz Josefina.

No pude evitar sonreír mientras uno se volvía para mirar el retrato. Ciertamente era el de una mujer guapa, pero no del tipo de belleza que habría realizado cualquier idea preconcebida de lo sublime o terrible. Había una expresión abierta y contenta sobre el semblante, una malicia parpadeante en los pequeños ojos azules, que podría haber sugerido a la invidente mirada la posibilidad de que, en el momento de sentarse a ver la imagen, hubiera sentido algún regocijo extraordinario, alguna satisfacción interior ante la ansiosa credulidad con la que sus pronósticos habían sido recibidos por la ardiente, aunque sencilla Josefina.

Su cabello, de color castaño castaño brillante, estaba confinado por un círculo de oro, la moda del. día en que los "clásicos" reinaron triunfantes, y las modas de Grecia fueron saqueadas para adornar el más poco clasicista de todos los estilos de belleza, el de las damas de Francia. El vestido era de muselina blanca, dispuesto en el mismo gusto clásico, escasamente suficiente para cubrir las sanas y poco clásicas proporciones del busto.

Una serpiente de oro rodeaba el brazo, que estaba desnudo hasta el hombro, y testificaba ampliamente que, a diferencia de las sibilas de antaño, mademoiselle Lenormand no podía considerar que, en ayuno y penitencia, estaba el gran secreto de la inspiración.

Un poco decepcionado, me di la vuelta del retrato y miré alrededor de la habitación. La oscuridad parecía incluso haber aumentado desde que entré, y el silencio me ponía nervioso, porque me habían dicho que "una multitud de visitantes acudía a ella todos los días" * que no había espacio para respirar en la sala de espera. Así que casi me sorprendió el solitario reflejo de mi propia cara en el antedicho cristal sucio, y realmente comencé a anhelar la presencia de alguien que rompiera una extraña quietud.

Me volví en busca de alivio a las huellas en la pared. Tampoco estaban calculados para desviar los malos pensamientos o para inspirar pensamientos placenteros. Eran de gran valor, y para un coleccionista de rarezas habrían estado más allá de todo precio. La "Muerte de Louis Seize", ** La Masacre de los Carmes,"La Traje de Marie Antoinette," en definitiva, todo el conjunto que fueron comprados y destruidos en la época de la Restauración.

En un rincón de la sala se desplegaba, a su máxima longitud, una antigua pantalla oriental, de gran valor no dubitativo, pero que parecía terriblemente cabalística con sus miríadas de aves voladoras fi3h y nadadoras que la atravesaban en todas las direcciones. Recordé a una de esas personas en casa de mi abuela cuando era una niña, y la vieja asociación era tan fuerte en ese momento, que me aventuré a cruzar la habitación, aunque de puntillas, y aguantando el aliento para examinarla más de cerca.

Mientras estaba ante él, absorto en la contemplación, creí oír un ruido de murmullo, como si alguien se moviera detrás de él, y al mismo tiempo un largo suspiro. El golpeador sollozaba de profunda angustia proveniente del oscuro rincón ante el que estaba!

Estaba absolutamente asustado! Era evidente que alguien estaba oculto detrás de la pantalla -estaba solo en la red- y en vez de poner la pregunta en reposo inmediatamente como debí haberlo hecho si hubiera estado menos emocionado, me quedé quieto, completamente atónito, hasta que

 

 

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imaginaba que uno podía oír el murmullo de las voces del apartamento más allá, y mirar hacia arriba (ya que nada podía inducirme a ir detrás de la pantalla) miraba la puerta por la que se emitía el sonido. Sin duda fue allí donde la sacerdotisa sostenía sus oráculos y, como a esta idea, escuché con más atención, oí claramente sollozos de angustia, me mezclé con el murmullo y sollozos bajos, que parecen partir el alma misma, tan dolorosamente brotan (todavía sofocados, como si temieran ser escuchados).

El sonido cesó en pocos minutos, y todo estaba tan quieto como antes, excepto que la lluvia ahora golpeaba violentamente las largas ventanillas, y el viento rugía a través de la amplia chimenea, enviando una nube de humo y cenizas a través de la habitación, y oscureciendo la poca luz que quedaba.

Eran casi las cuatro en punto. Había esperado casi una hora – la luz del día estaba desapareciendo rápidamente, y empecé a temer que me habían olvidado. Busqué la cuerda de la campana, no había nada al lado de la chimenea, y después de haber mirado en cada esquina, excepto en la oscuridad detrás de la pantalla, me vi forzado a llegar a la desagradable conclusión, tbat el caso en el que me encontraba -que evidentemente debe haber temores de ser perturbado- de que el clamor podría ser demasiado grande, que por muy impaciente que fuera "el consultor" *podría ser para tener acceso a la chimenea. Este último paso no me sentía en absoluto dispuesto a dar, ya que la tormenta seguía azotando al extranjero de forma despiadada, y pensé que después de haber viajado hasta aquí sería una cobardía volver con mis mandados sin cumplirse.

Bueno, me acerqué al hogar para juntar las pocas brasas que quedaban que allí resplandecían aburridas y espantosas, y después de convencerlos de que se convirtieran en algo parecido a una hoguera, me senté en el gran bergfere, que estaba junto al fuego, para alejar el tiempo como mejor me lo había imaginado.

Pensando en desviar mi ennui mediante un examen minucioso del anticuado bijou, alargué mi brazo sin levantarme de mi silla; perezosamente, y con un bostezo sofocante, acerqué al pequeño guerridón. La caja estaba de pie hacia el borde -ya estaba a mi alcance- cuando lo vi! juzga tú, gentil lector, de mi terror, de mi consternación, cuando en el mismo momento en que estaba a punto de levantarlo, un brazo largo, delgado y marchito, fue extendido por detrás de la pantalla: un brazo femenino, seco y arrugado, del peculiar tono de pergamino, cubierto pero no oculto por el largo y negro de encaje que llevaban las abuelas en la antigüedad, con los dedos óseos que miraban a los ojos

 

Mientras yo miraba con asombro silencioso la visión, estos mismos dedos se habían cerrado sobre la caja de oro, y la habían dibujado en la dirección opuesta: todo había desaparecido como un mero pensamiento, una sospecha, y no había dejado rastro alguno. Sin embargo, quédense, allí me equivoco, porque había una marca en la mesa donde los largos volantes de encaje habían arrastrado el polvo, y una desagradable sensación en mis dientes, causada por el chirriante ruido que la caja había hecho, como si se hubiera arrastrado a través del mármol.

Me di a mí mismo, pero poco tiempo para razonar: ¡me quedé atónito! 1 simplemente dudé mientras limpiaba mi garganta de diversas obstrucciones nerviosas, que parecían haberse juntado allí, y con una sola bocanada salté a la puerta por la que había entrado. ¡Por el cielo! 1 pensé que debí haberme desmayado; la puerta estaba atornillada en la marea exterior y no había escapatoria. Llamé en voz alta y golpeé contra la puerta, pero nadie vino a rescatarme, y me vi obligado a volver a la habitación, pero no me atreví a agitarme por la ventana, ni por un momento volteé una mirada en dirección a la vieja pantalla negra. El aire? agitado parecía desconcertado -había un peso opresivo en la atmósfera, que impedía que yo respirara (esto podría deberse al humo y a las cenizas, pero en ese momento podía atribuirlo a nada más que a hechizos mágicos-, tamborileé con todas mis fuerzas contra la ventana, por lo que las gotas de lluvia estaban goteando lúgubremente, y traté de tararear una melodía alrededor de

En vanguardia, marchas,

Contrea sus cañones,

pero no podía; era imposible.

Había estado ocupado durante algunos minutos mirando con nostalgia al patio, desde donde por el porte cochhre, cuya pequeña puerta se abría solitaria, de vez en cuando un peatón empapado, o una fisonomía perdida podía discernirse lentamente avanzando, y luchando contra el viento y la lluvia con el coraje de la desesperación. La coincidencia del Occu-P*11**1 casi se había vuelto interesante, cuando incluso en este momento estaba frustrado, ya que de repente mi atención se despertó por la apertura de la puerta detrás de la pantalla. Escuché una caída, y una exclamación de sorpresa y alarma, mientras una suave voz exclamaba,

"Ah, ma mere, que fait tu la ?

Había angustia en el tono, y la voz era de uno que hablaba a través de lágrimas.

Aquellos tonos frescos y jóvenes, hablando con naturalidad, pasaron por mi alma y disolvieron completamente el hechizo nervioso en mi alma.

que yo había sido atado, y 1 se adelantó sin vacilación -detrás de la pantalla de color rojo.

Por un momento, sin embargo, el asombro me mantuvo callado e inmóvil. La magia de la sibila parecía ya haber trabajado y conjurado una escena que debería haber pertenecido a un sueño desordenado -al cerebro febril del poeta, más que a la realidad sobria y a la luz del día.

En el suelo de la lona había una figura femenina, tan torcida y diminuta en tamaño, que podría haberse equivocado tor de niña, si no hubiera reconocido inmediatamente el brazo que me había aterrorizado tan poco tiempo antes. Sí, allí colgaba con toda su fealdad, magro, marchito y desnudo, como yo lo había visto, y los dedos largos como garras se agarraban y arrebataban, con un movimiento nervioso, en los pliegues de la amplia camisa de tabin£t negra, en la que la figura estaba vestida, y que barría el suelo, oscureciendo el espacio alrededor.

Pude ver en un momento lo que la había llevado a esa extraña posición. Había estado escuchando a la puerta, y se había caído al abrirla.

Doblada sobre ella con una muda solicitud, se levantó una joven muchacha, cuyo largo pelo rubio y delicado perfil clásico, se destacaba con un efecto casi milagroso en medio de la oscuridad circundante. Tan pálidos estaban los rasgos, tan finamente cincelados, que parecían cortados en el mármol pulido; y, mientras la muchacha se inclinaba y procuraba, aunque sin éxito, levantar de la tierra a su anciana compañera, el grupo habría parecido un cuerpo perfecto del ángel de misericordia que se inclinaba para salvar de la perdición a un espíritu que caía, agobiado por el pecado, y se hundía rápidamente en el abismo negro.

La pobre muchacha estaba evidentemente agobiada; pues 1 podía observar que temblaba violentamente, y el gran equipo rodando por su cara, brillaba en la tenue luz, mientras caían, uno por uno, sobre su dresa negra, yo caminaba a su auxilio, y levanté suavemente su anciano pariente de sus pies. Se inclinó con dignidad, pero no habló; y colocando el brazo de la anciana dama dentro del suyo, la condujo tambaleándose hacia el centro de la habitación. Aquí, esta última se quedó un momento, como para recobrar sus sentidos errantes; y miré con curiosidad a la pareja. Murmuró, como si repitiera algo que acababa de oír:"Los principios del bien y del mal están luchando en este mismo momento. Si no lo ves esta noche, ya no lo verás más.**

Yo leería una larga y desesperada historia de miseria en su apariencia, mientras ellos estaban así revelados a plena luz del día. Ambos estaban vestidos de luto profundo, pero sus vestidos estaban descosidos y oxidados, traicionando, a la vez, el artificio usado desde hace mucho tiempo, la humilde estratagema para ocultar la pobreza y, al mismo tiempo, la inutilidad del intento.

Bueno, me tocó a mí entrar en el santuario, donde, sin duda, me senté en un estado espantoso, el gran dispensador de destinos. Confieso que la pequeña escena que acababa de presenciar, había disminuido un poco mi ardor, y entré con fax menos preparado de lo que debería haber hecho unos momentos antes.

Era casi de noche, y los últimos rayos de luz diurna que penetraron en la pequeña cámara donde ella llevaba a cabo sus vigilias, fueron asistidos por la luz de una lámpara colocada sobre la mesa, y sombreados por una campana verde -una combinación que, en mi opinión, invariablemente produce una de las atmósferas más melancólicas que se pueden imaginar bien.

Me quedé atónito y me detuve para mirarla, antes de aventurarme a enfoque.

Ella estaba, con un conocimiento astuto del papel que tenía que jugar, sentada’ en profunda sombra’, mientras que la luz completa de la lámpara se giraba en la dirección opuesta, donde estaba la silla lista para recibir al pálido y ansioso consultor. Esta circunstancia, y el sombrío vestido de su atuendo, ciertamente contribuyó a arrojar cierto grado de misterio sobre toda su persona; y pasó algún tiempo antes de que mi ojo, acostumbrándose a la atmósfera tenue, pudiera tener éxito en trazar su silueta con distinción.

Me sorprendió encontrar en el poderoso y temido adepto, una persona de baja estatura y de inmenso bulto -inmensurable- la consecuencia de su vida sedentaria; y sin embargo, a pesar de ello, a primera vista, era fácil percibir que no era una persona de aspecto ordinario o vulgar.    …,

Su rostro era redondo y de puño, pero lleno de significado; y había una astuta inquietud en su brillante ojo azul, que, al parecer, no perdía ninguna peculiaridad de la "consultora", y no perdía nada de lo que ella llamaba "consultora", girando el rubor de la timidez, la mirada de Btern del desafío o la sonrisa de la incredulidad, para su propio provecho, antes de que comenzara la adivinación; y quién, sabiendo bien cuán lejos estaba    …

Su vestuario era peculiar, y calculaba, no sin diseño, para llamar la atención del consultor, hasta que ella mal cogió amplia y útil encuesta ana útil de él. Estaba habitada en un swsi de trajes oscuros, con el cuello parado, coronado y trenzado a lo largo del pecho de una fiera moda militar, como los llevaban las damas del imperio. En su cabeza llevaba un toquado de terciopelo negro con un pequeño emplumado, con un estrecho borde de pelo a lo largo de la frente, justo por debajo del cual colgaba, rígido y erizados, unos cuantos mechones de pelo de color rojiso, lo que le daba un brillo adicional a los afilados ojos de azueles debajo. 

Sobre la mesa en la que se sentaba, estaban esparcidas, en un terrible misterio,

 

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Grand Jeu / Varios de estos  volúmenes se encontraban rotos, que parecían bastante oscuros y cabalísticos, estaban dispersos por todas partes; y, de un estuche rojo de Marruecos, sonreían y sonreían, en una belleza incomparable, el retrato en miniatura de la emperatriz Josefina, el regalo de la propia dama imperial. Una copa de oro perseguido, dada por la misma mano real, estaba cerca, destinada a recibir las piezas de oro que allí habían dejado sus visitantes, como precio de la fortuna que ella les había concedido.

Era, sin duda, tarde en el día de la tarde; pero no podía evitar sentir una especie de compasión por la naturaleza humana, ver que estaba llena hasta el borde, mientras un extremo de la mesa estaba completamente cubierto por las pilas de coronas de plata, exhibidas en largas filas – y más bien ostentosamente, pensé*. Un gran gato negro estaba sentado en el codo de la silla, con un parpadeante susurro de ojos B y ronroneo; pero, para hacer justicia a la dama, esto era (guardando las cartas) la única señal de brujería que podía ver a mi alrededor.

Había venido a buscar a mademoiselle Lenormand, con la plena determinación de capacitarme para comprobar, de manera satisfactoria, si ella realmente se apoyaba en su propia habilidad, o si estaba enteramente en la tergiversación de otros que ella confiaba; pero, mientras estos pensamientos, aunque aún no formados, pasaban por mi mente, ella ya había barajado las cartas y las había puesto delante de mí, y me rogaba, en un instante Luego los barajó de nuevo; y, mientras pasaban rápidamente por sus dedos -por un largo hábito le había dado una agilidad que nunca había visto rivalizada por los más entusiastas jugadores de cartas-, me hizo las preguntas usuales.

"¿Cuál era mi edad, qué animal amaba más y cuál era mi flor favorita?"

observé que, mientras hablaba, sus ojos se postraron; pero, mientras lloraba por mi respuesta, me miró con una indagación lateral.

En nueve de cada diez casos, las preguntas se hicieron a la "consultora" sin darse cuenta; y era evidente que este era el momento de vacilación en el que ella consideraba examinar, sin ser observada, la expresión y fisonomía del oyente.

Su habilidad, por larga experiencia, fue tal, que se cree verdaderamente que rara vez o nunca se equivocó en su juicio sobre la posición, el carácter o las razones del "consultor" para venir a consultarla; y así fue capacitada para poner al descubierto el pasado, el presente y el futuro, con una precisión tan maravillosa, que la víctima atónita escucharía con abierta boca de asombro.

He oído que siempre se sintió avergonzada por las visitas de los hombres, que temía su escrutinio, sus bromas groseras y sus dudas incrédulas. Su conversación con ellos fue breve y severa; y se detuvo para no contestar preguntas, o para hacer bromas. Ella también se jactó de haber hecho temblar a muchos un corazón robusto, y muchos pómulos blandos se tornaron pálidos, como ella predijo, con cruel y monótona rapidez, el mal que yacía sobre el camino que parecía brillante -el veneno que acechaba, insospechado, en el fondo de la copa- sonriendo mientras ella misma, mientras observaba la brillante mirada de desafío con que sus palabras

Pero fue con el sexo justo que su reinado era indiscutible, y su poder sin límites. La mirada ávida -la sonrojada mejilla- la temblorosa indagación -la palpitante esperanza que le gustaba ver revelada, y para calmar, con promesas engañosas, la angustia del corazón de aquellos que la buscaban con buena laza- para alegrar la hora oscura, y mostrar el rayo de sol a través de la nube; y es bien sabido que más de -una vez que ella ha sido la causa de que se hayan cumplido los pronósticos ber, por medio de la mismísima consolación

Nunca olvidaré la impresión que me da esa voz profunda, mientras ella hablaba en palabras bajas y susurrantes, rápidas y monótonas, los decretos del destino que se revelaban en los cuadros pintados que ella misma dibujaba con tan maravillosa destreza.

Ahórrame, gentil lector, la tarea de revelar aquí lo que hizo entonces y allá lo que ganó la hermanita drous sibyl, que tocaba mis destinos futuros, no puede sino darte una pequeña patada. Sin embargo, era una telaraña astuta, tejida por un cerebro inexperto, sin vacilar en hablar con la lengua: las habituales formas a cuadros de luz y sombra, de alegría y tristeza. Mucho fuu ya ha pasado. 1 estoy aquí para afirmarlo, porque encuentro, al retrosicionarme, que el patrón y el artefacto eran todos de diseño propio de la Naturaleza, tejidos en el telar de la Naturaleza; y, mientras me sentaba mirando con asombro vulgar, ella estaba examinando firmemente mis rasgos, y sabía, por la expresión writ* ten allí, cuál era la cosa más natural y más probable que sucediera.

Era un curioso estudio contemplar a esta mujer jugar, en mera malicia deportiva, con las más tiernas simpatías del corazón; y 1 podía imaginar el efecto emocionante que ese susurrante torrente de palabras podría tener sobre la doncella temblorosa, buscándola, quizás a escondidas, para que confiara toda su miseria a ese oído dispuesto, o pidiera consejo a los Poderes de las tinieblas, cuando el Cielo y la tierra parecían haberla abandonado. Y luego el tembloroso suspenso, también, con el que el pálido oyente aguardaría la sentencia! a ella, el decreto de la vida o muerte-y-yyet murmuraba por esos labios fríos, arrugados, sin cambio de tono o de manera, sin prisa ni demora, simplemente como la sentencia pronunciada por las tarjetas, y con la cual ella misma, salvo como el intérprete, no tenía nada que hacer. De poca importancia para ella era si el decreto traía sueños de felicidad o sueños brillantes o visiones sombrías de desesperación.

La conferencia duró cerca de una hora, durante la cual no paró de hablar -sus ojos se cerraron hasta la mitad- y se inclinó sobre las tarjetas que tenía ante ella. Tenía la curiosidad de inclinarme sobre la mesa, y contemplar el decorado que ella había echado sobre mi entrada. Eran siniestros y espantosos, bien calculados para aterrorizar el corazón del "consultor" sobrecogedor, y allí yacía, en vano, la sombría figura del "Grand Pendu", el rostro manchado de sangre del "Supplicid", y la cara pálida y lúcida del "Suicidio".

¡Ay! por la pobre credulidad humana. Las tarjetas eran desgastadas y usadas con frecuencia, hasta que algunas de las figuras quedaron casi borradas.

Me dijo, con mucha delicadeza y con cierto grado de convicción, que si no era real, ciertamente era admirablemente falsificada, que ésta era la elección de la que se extraía la medida de las vidas de los hombres; pero añadió que era una búsqueda temerosa -que ella nunca la presionó, sino que los "consultores" estaban siempre ansiosos por resolver ese problema temible, ya sea para ellos mismos o para otros cercanos y queridos. Me dijo que me aconsejó? no intentarlo, porque ya habían sido sacudidos pero hacía poco tiempo; y me dijo que el sobrecargo era de cincuenta francos.

Miré los implementos de esa nave impía con un temblor de consternación. Pero, antes de que terminara de pensar en estas cosas, el ruido y el crujir de los ruidos, causado por el repentino cierre de las tarjetas que volaban por su mano, me anunciaba que mi telaraña estaba rota, y que no tenía más que hacer que depositar mi pedazo de oro en la copa de oro de Josefina, y marcharme.

La hechicera se levantó y, tocando una pequeña campanilla que estaba junto a ella en la mesa, el gato negro saltó del codo de la silla que parecía un ataúd, como si ya no fuera necesario su servicio: una puerta pequeña y baja se abrió lentamente y con un misterioso gemido, el personaje mudo y oscuro que me había admitido, ahora sonreía en la trilla.

Mademoiselle se inclinó no sin vergüenza, y señaló hacia allá, y yo caminé en silencio por habitaciones alfombradas y puertas cortinas, observando pero de dos cosas -que no era la misma manera en que yo había entrado- (hubo sin duda misterio en eso)- y que de varios pasajes oscuros se desprendía un olor de "buena cocina" que invitaba a la hechicera a hablar de ella, y que yo sospechaba firmemente que la hechicera era acerca de la "buena cocina".

Descendí, buscando a tientas, como la gente suele hacer en las escaleras de París al final de un día húmedo en febrero, agradecido de llegar sin huesos rotos al final de las escaleras. La lluvia seguía lloviendo torrencialmente, y mientras yo me paraba sobre la estera que el conserje desesperado había puesto allí, pero, como de costumbre, todo sin propósito -1 sentía algo bajo mi pie, que no cedía a su peso y presión. 1 encorvado para recogerlo. El portero estaba en el mismo momento de cruzar el patio para iluminar las escaleras. El repentino glaciar de su lámpara golpeó contra el objeto que tenía en la palma de mi mano abierta. ¡Por los cielos! estaba la mano del Destino visible en todo el suceso: era la misma caja de rapé que la anciana señora me había arrebatado de mi curiosa garra, y que había sido la causa de mi repentino terror en el salón de la vieja bruja.    No, no, no, no.

Se le había caído, sin duda, al recoger su vestido antes de sacarlo; y después de haberlo sacado de su bolsillo, como había hecho, para ofrecerme con tan suave cortesía su contenido. Aquí, entonces, estaba la excusa para llamar a las damas, y para averiguar de qué manera yo podía servirles. Porque estaba seguro de que su historia era interesante, y que necesitaban ayuda y consuelo.

Examiné una y otra vez la caja Anufl dorado, de la que había sido mi suerte para obtener la admisión. Era una exquisita pieza de artesanía, bellamente perseguida por fuera, y debe haber sido de inmenso valor. Había armas grabadas en la tapa: viejas armas feudales, con la cruz del cruzado, relatando su antigüedad, y una delicada corona de hojas de vid era perseguida alrededor de la tapa, formando, por su elaborada ejecución, un llamativo contraste con la gruesa bisagra que sobresale y el tosco y pesado chasquido.

Abrí la caja con reverencia, pues el mismo perfume de la baratija tenía en ella algo aristocrático a pesar de la pobreza en que su dueño estaba empapado hasta los labios. Los pocos granos que quedaban de tabaco que contenía eran de los más finos y delicados; e incluso 1, un viejo conocedor, los tomó con deleite. El interior de la caja, por supuesto, estaba muy dañado por el uso constante, y no habría atraído mi atención si no hubiera sido por un pequeño pivote que observé dentro de la bisagra. Presioné mi dedo sobre él, ¡y he aquí! el forro de la tapa se abrió, y reveló ver un pequeño retrato en miniatura pintado de esa manera exquisita que ha hecho famosos a los franceses limners en todo el mundo.

 

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Era el retrato de un joven en la flor misma de la juventud y de la belleza varonil. La tez clara y el aspecto melancólico, con el largo pelo dorado recortado en la frente y desviado en anillos sueltos sobre sus hombros, contaba a la vez de La Vendee y del Bocage, incluso sin el uniforme, medio militar, medio campesino, en el que la figura estaba vestida. El sombrero, también, tan salvaje y pintoresco, con la faja ancha atada en un ramo a los lados, las largas puntas que bajaban hasta la cintura, contaba a la imaginación muchas historias vívidas de Chouan y Oslen-de la peligrosa emboscada en medio del bosque, y del bosque ardiendo que enrojecía el cielo de medianoche.

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Había una expresión tranquila y grave en la frente, tan peculiar de la raza bretona, tan característica del pueblo que, en tantas ocasiones, luchó literalmente "hasta el último hombre", no por gloria o ambición -no por la extensión del poder o el aumento de los privilegios, sino por el derecho sagrado de la conciencia-, por el corazón y el hogar, y por la libertad de adorar a Dios como mejor lo suplicaba:

La expresión de este semblante marcial era en conjunto una de las mejores que había visto, y hasta el día de hoy no lo he olvidado.

Al día siguiente, a la hora del mediodía, al día siguiente, cuando salí de mis alojamientos para buscar a la marquesa de Keradec, y a su nieta, mademoiselle Solange de Keradec, que me enteré que eran los nombres de las dos damas que había conocido en circunstancias tan singulares en la casa de la señorita Lenormand. Habitaban en la rue de Vaugirard. El tiempo, a diferencia del del día anterior, era muy frío y frío. El sol brillaba radiante al cruzar el Sena, y brillaba en el agua con un reluciente brillo. Toda la naturaleza parecía regocijarse en su brillante atmósfera, doblemente apreciada después de la torpeza del día tempestuoso anterior.

Fue un paseo encantador, pero fue una experiencia para el desconocido inexperto que, presumiendo de su conocimiento cartográfico de París, emprende la marcha a pie desde los Campos Elíseos hasta el final -aunque en la calle de Vaugirard-, a pesar de la atmósfera emocionante y de las agradables expectativas sobre la posibilidad de poder ayudar a la pobre marquesa, y a la Era en apariencia como muchas de las viejas casas del vecindario, lo suficientemente bien como para mirar hacia afuera, pero dentro de un lugar lleno de inmundicia y corrupción.

Ninguna imaginación inglesa puede conjurar los horrores del pequeño pasaje ciego por el que tuviste que pasar para ganar la bitácora del conserje, ni figurar en sí mismo el cloaca en el que tuviste que pararte mientras escuchabas sus tediosas instrucciones sobre la "puerta a la derecha" y la "escalera a la izquierda". Cada historia era redolente de los varios y peculiares olores de desagradable manejo*! y las vistas aún más incongruentes a través de cada puerta abierta – ¡el vuelo de los buzos comercia en esta vasta colmena! y las avocaciones domésticas de cada familia avanzando en público.

Era evidentemente una de esas casas de las que en París existen tantas, llenas de gradación sucesiva hasta el techo con artesanos de todas las denominaciones bajo el cielo. Y sin embargo, evidentemente había un sentimiento amable hacia las pobres señoras en medio de la comunidad trabajadora de la casa, por haberme detenido en el cuarto piso para preguntarle a una mujer que estaba sacudiendo las mantas sobre la barandilla si yo tenía mucho más camino por recorrer, ella me contestó con cortesía, y volviéndose a su marido cuando yo había pasado, ella dijo,

<* Quel bonheur ((Que alegria)), ¡alguien ha venido por fin a visitar al vecino de arriba!".

Salí corriendo hasta el sexto, y allí me detuve a respirar. Pude ayudarme a sentir el contraste que el pequeño lugar de desembarco permitía, pobre como era, incluso más pobre que el resto, a los que yo había cruzado en mi viaje por las escaleras. El mismo techo estaba cerca de mi cabeza, podía tocarla donde estaba, pero no había el más mínimo vestigio de polvo o telarañas en las paredes, el suelo estaba barrido y los ladrillos estaban limpios. Había una pequeña pizarra clavada contra la puerta donde el desconocido podía escribir su nombre cuando las damas eran de casa.

Sólo había un nombre escrito a  mano áspera y vulgar, -* Pinchon, boulanger, pour le montant de la petite note; volverá a llamar en una hora."

Me entristeció mucho que los visitantes de esta descripción fueran quizás los únicos que las pobres damas habían recibido durante muchos días! Tiré del pie de la liebre que colgaba junto a la puerta, y el sonido de la campana resonó por la escalera hueca con un gemido casi sepulcral. Nadie vino, y repetí la citación sin efecto. Una y otra vez, hasta que mi paciencia se agotó, y yo estaba a punto de bajar las escaleras con muchos reproches al portero negligente por haberme dejado montar sin estar seguro de que la marquesa estaba en casa, cuando me encontré con un hombre de aspecto hosco que llevaba una carta abierta, de la larga y estrecha forma, que las personas que han vivido en cualquier momento en París miran con tanto terror, a menos que se les proporcionara en el momento lo necesario.

"¡Así que no has sido admitido, ya veo!" exclamó enfadado,"’ atado siempre el camino. Cuatro veces he llamado a esta insignificante cuenta; el portero me dice que sabe que están en casa, que no han salido ni uno ni otro día, pero yo no he de hacerlo a tu manera, y yo garantizo que mi carillón los traerá si no están muertos, ¡ambos!"*

Al decir esto, le dio a la cuerda de la campana un tremendo imbécil, que casi la rompe en dos. La campana volvió a sonar el mismo sonido silenciado y chirriante que había hecho antes. El hombre se inclinó y miró por la cerradura. Permaneció durante unos momentos en esta postura arrodillada, y cuando se puso en pie, su rostro estaba pálido como un mármol, y jadeaba para respirar.

Algo anda mal aquí ", dijo en un susurro de ahogado," ha habido juego sucio; la puerta debe ser forzada. Espera un momento aquí mientras corro por herramientas. No alarmen a la casa, son gente ignorante aquí, y despertarán a todo el barrio.**

El hombre bajó las escaleras y me dejó de pie con sentimientos

como el terror solo antes de esa puerta cerrada. Pero en poco tiempo, sin embargo, regresó trayendo consigo una palanca de hierro del herrero vecino, y toda una pandilla del muchacho8 del herrero a sus talones, porque nunca tanto secreto en sus movimientos en París, hay un maravilloso instinto flotando entre las clases de trabajo que les dice a una simpatía cuando el trabajo puede ser abandonado con ventaja para algo mejor

El forzar la puerta fue el trabajo de un instante, pero no cedió rápidamente a nuestros esfuerzos por abrirla. El hombre que había dado la primera alarma, y que yo suponía que era M. Pinchon, el boulanger panadero, me miró con tristeza y agitó la cabeza. Él entró primero, yo lo seguí , con paso tenue y silencioso. Todo estaba oscuro por dentro, y había dudas entre el grupo. Una atmósfera tenue y sofocante, tan caliente que hizo que el cerebro se tambaleara, invadió el lugar. El hombre se adelantó y rasgó la cubierta de la ventana, y la abrió, dejándola entrar al instante, con luz y aire. Se le escapó un grito espantoso mientras los rayos del sol entraban en aquella pequeña cámara, pues no deberían haber visto una escena como esa.

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La muchacha estaba sentada quieta e inmóvil en su bordado. Se sentó erguida, ni siquiera recostada en su silla, y sin embargo hubo una exclamación de burla por parte de los presentes cuando alguien sugirió que podría estar dormida.

"¡Dormido! ay, *es el sueño de la muerte "exclamó Pinchon, mientras tomaba su mano y la dejaba caer de nuevo, sorprendido por el toque del frio gélido.

Hasta la muerte la había superado en medio de su trabajo, pues aún llevaba en una mano la tela de seda escarlata que había estado usando; la otra mano estaba enterrada entre el pelo rubio que caía sobre su frente, y su codo, apoyándose en el marco de la grifería, sostenía la cabeza  para que no se cayera. Sus párpados estaban cerrados, y parecía enterrada en el sueño, tranquila y suave como la de un niño. Ella se ataba con una bata suelta de blanca y tenue vestidura; y los largos y justos anillos sobre los que el sol derramaba un tinte dorado, como burlándose, caían en ricas masas sobre sus hombros.

Era evidente que ella había caído suavemente en su eterno sueño, tranquila y agitada, y en paz con todo el mundo.

Muy diferente había sido el destino de la anciana marquesa de Keradec. Estaba arrodillada junto al gran sillón en el que estaba sentada la niña; sus manos estaban apretadas como en oración, y su cabeza estaba levantada; no, incluso arrojada hacia atrás, porque su mirada moribunda había sido hacia su hijo. El sol del mediodía corría hacia la cámara, y cayó lleno sobre ese rostro espantoso y morboso, sobre el cual la oscura pasión había puesto su sello en el último colmillo de la muerte; y la mirada fija y morbosa de los ojos era tan dolorosa de contemplar, que uno de los espectadores, con un sentimiento de delicadeza que apenas esperaba encontrar entre estos groseros niños y fatigas, corrió la cortina.

Había un papel sobre la mesa, que estaba escrito muy de cerca: la escritura de la marquesa. Los personajes eran temblorosos e inciertos, y las líneas desiguales. La redacción de la frase tenía rastro de la confusión que existía en el intelecto del escritor, y decia como sigue:

"Es inútil luchar más tiempo. Nadie puede evitar sus destino~ la mano del Destino es más fuerte que la voluntad humana. Ahora ha llegado la hora, y la libertad está a la mano: la libertad, la libertad del cuidado, de la miseria y de la pobreza; la libertad está a nuestro alcance, la libertad de la miseria y de la miseria, para ambos del terror y la desesperación que, últimamente, nos han seguido en nuestro camino, y que, como demonios sonrientes, nos han perseguido incluso aquí, donde estamos parados ahora, en las fronteras del oscuro abismo, de donde no hay vuelta atrás.

"¡Solange! mi dulce Solange! No sabe que su liberación está tan cerca. Desgastada por el trabajo de parto, se ha quedado dormida, incluso, mientras trabajaba. Es la última hora de la noche, y hoy no ha tenido ni comida ni descanso; no es de extrañar, pues, que duerma tan profundo y mortífero sueño. Regocíjate, y dame gracias, niña, que despertarás en el cielo!

"¡Es la última hora de la noche! no viene, ni vendrá, ni vendrá. La que sabe todas las cosas, predijo que si no venía ahora, no le veremos más. Él se ha ido antes que nosotros, sin duda, y fue su amable manera de darnos esta advertencia. Oh, qué tonta era yo de esperar incluso por ese solo instante!

El que entre primero aquí, debe registrar la cámara con gran cuidado; encontrará una caja de oro, que por alguna mala casualidad he perdido desde ayer. El que la encuentre, que recuerde que yo he querido comida y vestidura, y aun así he guardado esa baratija por toda la penuria que han sido mía, porque era todo lo que me quedaba de mi galante muchacho, cuyo espíritu valiente brotaba en la causa de la vida y de la libertad entre los verdes valles de nuestro querido Bocage.

Hubiera aliviado mi muerte el haber tenido su imagen sobre mi pecho; pero aun este pobre consuelo me es negado. Yo mismo lo he buscado hasta que me cansé. Mi cerebro está atormentado y mi vista falla. ¡Ja! el reloj de los carmelitas que tarda media hora! ese solo golpe! es como el llamado a la eternidad -bien que estoy listo -déjame kueel y rezar-ay, está bien orar-por–"

La pluma había caído de su mano, pues había una gran mancha sobre el papel que ocultaba el significado de las palabras finales. Había muerto mientras su oración estaba en sus labios. Esperemos que se oiga en el bar del cielo y no se rechace.

Nunca, hasta el día de mi muerte, olvidaré esa escena. Me persigue aún cuando tengo fiebre en mis sueños. Había enviado a uno de los asistentes1 para un cirujano, aunque no era más que un paso pueril para hacerlo, ya que no quedaba esperanza. El carbón vegetal que había sido el medio de

 

 

 

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la muerte, había quemado todo a cenizas en el plato de paja*, y el blanco

La sala de tic con polvo en cada movimiento o incluso la respiración de los "transeúntes".

Había algo casi indecente en esta exhibición de la muerte: a la multitud que se asomaba, porque para entonces la sala estaba llena; murciélago ninguno se atrevía a tocar a los muertos hasta la entrada del comisario, y no era hora de que llegara, que los cadáveres estuvieran uno al lado del otro sobre la estrecha cama, y la habitación estaba despejada de la muchedumbre de extraños rudos y maleducados que se habían reunido allí.

Al día siguiente, antes del atardecer, la marquesa de Keradec y su nieta fueron enterrados en una tumba. Desde el respeto les seguí hasta su último hogar, y a mi regreso fui llamado a la mairie para que diera mi testimonio, y atestiguara la muerte de la marquesa y de Solange.

Asistí en consecuencia con el digno Pinchón, cuya sensibilidad mnds sensación a lo largo de todo el asunto desmiente por completo la opinión desfavorable que al principio me había formado de su carácter. La ceremonia fue corto y apresurado, Pinchon juró ser ell primero que entró en la cámara después de la triste catástrofe, y yo di testimonio y se realizo el sellado de los papeles.

Iba a depositar y adjuntar la caja dorada de tabaco que aún tenía en mi poder, cuando el empleado de la oficina de limpieza del secretario judicial, que había estado todo el tiempo derramando el polvo de sus botas con su foulard indio, comenzó de repente hacia delante, exclamando

"¡Keradec! la marquesa de Keradec, ¿usted dice? Pero antes de ayer, un caballero nos llamó aquí y se preocupó:"Nos morimos por buscar entre nuestros registros para ver si el nombre estaba escrito en nuestros libros como habitante de nuestra parroquia". Decía que había estado buscando sin éxito, a través de cada distrito en París, y que no le importaba la suma de dinero que diera, siempre y cuando encontrara a la marquesa de Keradec.

Me dio la tarjeta.

Tomé nota de la dirección y decidí no entregar la caja hasta que "lo había visto", ya que, si demostraba ser un pariente cercano, era mejor que uno de ellos la renunciara.

A mi regreso a casa le escribí unas líneas solicitando una entrevista, mencionando lo que era, el tema sobre el cual había dejado su dirección en el ayuntamiento de distrito.

A la mañana siguiente, mientras aún estaba desayunando, un desconocido fue conducido a mi habitación. Era un joven alto y guapo, vestido con un abrigo militar desnudo. Sus rasgos eran bronceados y su pelo oscuro; nunca lo había visto a esta hora, pero no había necesidad de anunciarlo por su nombre, porque en el momento en que él entró, involuntariamente puse mi mano sobre el cofre dorado que estaba sobre la chimenea. La semejanza del extraño era tan fuerte con el retrato que en él se indicaba que necesitaba una nueva introducción, para la

El semblante bretón, aunque pierde su imparcialidad por el cambio de clima, o la redondez por el cambio de circunstancias, sin embargo, seguirá siendo peculiar cada raza de hombres hasta el fin del tiempo.

Había sido informado de todos los detalles del triste suceso -por el dependiente del juzgado, que, habiendo desempolvado las botas, se había apresurado a reclamar su recompensa. Para mí era bueno que él lo supiera todo -no podría haber sido testigo de la primera explosión de su desesperación, pues debe haber sido terrible.

Yo podría juzgar esto por la completa postración de su fuerza después de la agonía de la noche, y el esfuerzo jadeante con que habló.

puso la caja dorada en sus manos y le dijo todas las circunstancias -de que estaba en mi poder.

Lo recordó bien, y no pudo contener sus lágrimas; otra vez contemplándolo, porque era la semejanza de su padre lo que contorsionaba; pero parecía, sin embargo, aliviarse al hablar de los que había perdido, y me dijo todo lo que había sufrido para regresar y ayudarles. Poco soñó que regresaría por esto!

Había estado luchando y trabajando arduamente en un clima ardiente, aguantando duro-1 barco y privación, y arriesgando su propia vida cada hora del día| pero para traer consuelo a la edad de la marquesa y felicidad a Solange.

¡Pobre joven! por el temblor de la lengua, y el sollozo amargamente suprimido con el que dijo el nombre, pude adivinar más de lo que habría poseído.  

Decía que había estado durante algún tiempo al servicio lejano en el interior del país del que acababa de llegar, esas cartas! habían tenido un aborto espontáneo, y que él no sabía del cambio de domicilio de su pariente, mientras que sin duda no habían recibido su propia comunicación y remesas.

Dos días después de su llegada, había recorrido todo París en busca de alguna pista para "guiarlo en dirección a la residencia de la marquesa". Dijo que tenía un presentimiento singular en el

"¿Qué día fue?", dije yo, bastante nervioso.

"El lunes pasado".

"¿Qué hora era?"

"A las cuatro en punto; el negocio había terminado en la oficina, y recuerdo que tuve que quedarme de pie durante algún tiempo bajo la puerta, por la lluvia. ¿Porqué me lo pregunta?

No respondí, porque estaba absorto en la memoria de las palabras que había oído.

"El principio* del bien y el mal están luchando a esta hora. Si no lo ves esta noche, ya no lo verás más.**

La palabra de amenaza había sido guardada al oído codicioso, y quebrantada al sentido. Era demasiado cierto: ¡ya no lo habían visto más! Y sin embargo, él vivía todavía, y los había buscado el mismo día en que habían muerto, desesperando así esta muerte cruel.

El joven volvió a Sudamérica, una vez más para retomar su vida en peligro, y llevar sin esperanza su pesada carga. Me dicen que con la inquietud de wo, armado con mis informaciones sobre mademoiselle Lenormand, fue, antes de su partida, a buscarla, lleno de reproches y acusaciones amargas, declarando que era sin duda su dura profecía lo que había llevado a la mente débil y creíble de la marquesa a la desesperación.

La "devineresse" escuchaba con serenidad y en silencio, como si la justicia de sus reproches lo superara. Luego se volvió pensativa hacia el gran volumen en el que a veces inscribía sus "Oráculos", y después de permanecer unos instantes enterrada en un profundo cálculo en él, levantó sus ojos destellando con deleite, y exclamó alegremente,

"La combinación entonces era justa. Fue mi primera prueba; y desde ese día no me atreví a usarla, porque era un riesgo terrible. ¿Por qué no viniste antes? Pudo haber sabido que habría sido tan correcto como esto, podría haber hecho descubrimientos aún más importantes. Déjenme ahora, les ruego, mientras la inspiración está todavía sobre mí, para que recuerde, si es posible, los medios por los que había llegado a tan importantes fines. No me culpes a mí, joven, 1 pero lee el libro del destino tal como se reveló a la vista de la mv, ni buscó engañar con palabras falsas o traicionar; y,"ella se detuvo un momento y añadió con una sonrisa satisfecha de sí misma," ¡vea que he encontrado mi recompensa, porque la combinación no puede ser negada!**

Se retiró sonriente y se regocijó en su propio estudio privado, dejando al joven presa de sus sentimientos heridos e indignados. No la volvió a ver más, pues pocos días después abandonó el país y se embarcó hacia la tierra de su adopción, donde aún permanece, luchando y trabajando arduamente, pero sin esperanza y solo.

Nunca más busqué a la hechicera, ni me metí en su magia. La lección había sido demasiado fuerte como para pasar desapercibida. Incluso me resistí a la invitación que me hizo un amigo para visitarla una vez más, pues pensé en la marquesa de Keradec* y en el dulce Solange, y recordé que ambos habrían podido vivir honrados y felices, si no hubieran dejado a la Providencia la disposición de su destino, ni hubieran buscado con precipitada y culpable desconfianza de su divina misericordia para anticiparse a su sabio decreto.    G. C….

 

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La familia pobre o el suicidio (1800-1874) Art: Octave Tassaert …

Posibles correcciones del texto se harán en el futuro….

Casa Nº 1 El consultante… sus origenes, personalidad, Miércoles, Sep 13 2017 

 

Casa nº1 Todas las cuestiones que tienen relacion con la vida del consultante. incluso su temperamento, habitos duracion de su existencia.

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Las cartas no son muy positivas estas deben ser interpretadas en relacion a los significados de esta casa nº1.

Podríamos decir con estas cartas, que el consultante es el 5º miembro de la familia. Que su nacimiento fue desafortunado, posiblemente un hijo no deseado por la falta de equilibrio y orden económico en el hogar. Las carencias económicas están presentes en  las cartas. Posiblemente un hogar desestructurado por estas carencias y otras razones.

A pesar de todo esto, él consultante tiene mucha fuerza interior para poder dominar sus propios impulsos. Este debe aprender a controlarlos y someterlos. pues de lo contrario esta sera su propia ruina. El orden aqui es la clave pues sin orden y equilibrio todo se pierde, desde su carácter impulsivo y agresivo, hasta una vida llevada al libertinaje y desenfrenos que le arrojaran y abandonaran en su propio abismo.

Duracion de su existencia dos cifras se repiten en esta casa 60+1+60+1 posiblemente vivirá 61 años .

 

Frases de Sócrates

“El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir.”

Las cartas Antiguas poesía libre… Miércoles, Sep 13 2017 

En sus cartas,  destinos amargos  y  dulces veras…

Que arrastran y vislumbran la inquietud  y el pesar…

                   DANCERSSurprendre se femme

Mujeres de negro vestidos veras, adornadas con mangas de farol y sombrero señorial. Cinturas con lazos de encajes desataras. Dulce tortura y libertinaje vivirás y grandes celos provocaras. Celebrando la fortuna y bienestar , en los salones vacíos de sus señoríos….

Mujeres de atezados y descuidados vestir, con su faldar raídos por el tiempo y el mal vivir. Sus casas, de escaleras viejas y temblorosas por el crepitar del gélido, fuerte y violento viento huracanado,                        maldicen el infortunio y la desventura de su existir.

Una muchacha rubia como el sol, meciéndose en su mecedor esta, mientras dilucida la elección. Agridulces juegos de amor.  Su seducción nefasto error. Pues tras las pérgolas en flor,  un  pasadizo de arboles se ve y el  ahorcado cuelga al final de el…   Su alma durmiendo esta, hasta el fin de sus días en el duermevela del mal. Pues ahora por su traición, sus remordimientos y sus demonios no la dejan respirar..

El rayo ilumina la encina y hace retumbar el hueco bosque. Despertar cantores, ¿no veis que los arboles se caen abajo?…… De la bosqueja vieron lechuzas salir, con sus ojos tristes y sus caras viejas…       Huid… Que si no te alejas, a duras penas, del rayo, al estallo y del estallo, al desmayo, cual ultima hoja que cae de su tallo.

Leyendo las cartas antiguas, las animas negras cruzaran y como el agua constante, susurraran… Haciendo hasta a los muertos hablar…

Presta oído a lo que te revelaran..

Sombras oscuras retiraros ya!

Las cartas antiguas tu destino  sabrán….

                                                                                                      J.C.G

Mlle Lenormand su Fortuna Personal. Miércoles, Sep 6 2017 

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Mlle Lenormand dejo una fortuna personal de 500.000 francos en efectivo. La cual heredo su sobrino tras la muerte de esta…

Medio millón de francos, ((500.000f)) de la época no se a cuanto ascendería esta cifra  en la actualidad. Pero creo que esta cifra como en aquellos tiempos y en estos, dejaran a más de uno con los ojos como platos.

Una noticia en los periódicos de la época…

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Mdlle. Lenormand.-Los periódicos franceses registran la muerte de uno de los personajes notables de la generación que ha desaparecido, notable por el guinche de pruebas que ha proporcionado de la cantidad de superstición que ha logrado mantenerse en medio de las fuertes luces de el siglo XIX, y aún más notable por la verdadera influencia que pudo haber tenido, fue llamar y dirigir muchos de los fantasmas de un imperio que surgió y desapareció ante los ojos de una sola época, como una cosa hecha de sombras. La fama de la señorita Lenormand parece haber sido plenamente establecida por la predicción de la soberanía a Napoleón; y desde que se dio ese oráculo, todos los grandes actores, varones y mujeres, de las escenas enjambonantes que siguieron, y que parece un sueño para mirar hacia atrás y, después de la Restauración, mucho más de nuestras propias mujeres eligen abiertamente para registrar el hecho, se dice que han pasado por el templo de la Pythoness francés. Mdlle. Lenormand tiene una fortuna de 500.000 francos, y ha muerto a los setenta y dos años; habiéndose detenido, como debería parecer, a enrollar todas las porciones desordenadas de la gran visión a la que pertenecía más apropiadamente. Cuando la historia filosófica de las revoluciones francesas que han marcado y moldeado la primera mitad del siglo xix llegue a ser escrita correctamente, el nombre de la señora. Lenormand debe tener un lugar allí.

6 LOUIS D´OR, POR CONSULTA. Mlle. LENORMAND… Martes, Sep 5 2017 

 

Después de leer algunos artículos de investigación sobre Mlle. Lenormand, en los cuales se  hace referencia a sus honorarios por una de sus consultas. Me pregunte: ¿Cuanto costaría una consulta en Euros si Mlle Lenormand viviera en la actualidad? y ¿Cuanto podria ganar esta?…

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He estado investigando sobre esto. Y en algunos relatos se nos indica que tenia diferentes servicio o precios de consulta. Tarot, Quiromancia,Frenología etc… De forma regular en los textos se habla del pago por consulta de 6 Louis d´Or y esta es la cifra que he tomado como referencia por una consulta estándar con Mlle. Lenormand.

-Señora, vengo a consultarle.

"¡Bueno! Póngase aquí. – ¿Qué lectura de cartas de juego quieres? Los tengo de 6 francos, 10, 20 e incluso 400 francos.

-Creo algo en el precio de un Louis d’Or.

"Bueno, entonces, ven a esta mesa y muéstrame tu mano."

"¡Aquí está!"

 

Declaró lo que podría decirse de ella en cuanto al futuro: "No te aconsejo que digas todas estas cosas", dijo, "no aconsejo nada; usted puede hacer lo que quiera, pero aquí hay seis Louis para usted. "Diciendo esto, se despidió.

 

Un Louis d´Or eran 20 francos.

 

 

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                      Monedas de diferentes valores de 1800 en adelante…

Si una Consulta de Mlle.Lenormand estándar, eran  de aproximadamente de  6 Louis d´Or y a estos le diéramos un contravalor con las monedas actuales Euro/ Dólar.

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Podemos ver, que esta  mujer realmente cobraba bastante bien por sus consultas. Pues una consulta estándar con ella, estaría rozando los 120 euros/h aproximadamente….

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Creo, que muy pocos y simplemente los pudientes, tendrían acceso ha consultas extensas con ella…

Las consultas de 400 Francos, lo que podria equivaler a un billete de 500€ actuales, ni siquiera podrían ser sostenidas por la sociedad de clase media de aquellos tiempos.

Mlle. Lenormand vidente de ricos y poderosos.

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